25 de marzo de 2017

EN EL VIENTRE DE SUS MADRES




Hoy, 25 de marzo, día del niño por nacer, queremos arrancar un grito desde lo más profundo de nuestro corazón para clamar que viven en el vientre de sus madres y esperan nacer a la vida, a esa vida que Dios les ha dado y a la que, como hijos, tienen derecho a vivir.

Hoy celebramos el acontecimiento de la anunciación, cuando por obra del Espíritu Santo, María, concibio a su Hijo Jesús. Hoy, también leemos en el Evangelio que Isabel, prima de María, que llevaba ya gestando, de seis meses, a su hijo Juan. Y al ser visitada por María, el ñiño saltó de gozo en su vientre. 

Por eso, defendemos que la vida empieza en el momento de la concepción y ya inician un camino, pero vivos, de gestación hacia el nacimiento a la vida de este mundo. Por eso, uniéndonos a todas las asociaciones y grupos providas, rezamos y reclamamos el derecho a la vida desde el momento que nacemos a la vida, en el vientre de nuestras madres.

MARÍA Y JOSÉ, LOS ELEGIDOS

No resulta fácil comprender la elección de María. Desde el principio fue elegida y preparada para ser la Madre de Jesús. Y eso, desde nuestra limitada mente nos cuesta entenderlo. Nos parece como que limita la colaboración de María. Sin embargo, era libre, como tú y como yo, y podía negarse, porque no era fácil lo que se le venía encima.

¿Te presta tú a eso si Dios te elige? ¿Crees fácil averiguarlo? ¿Y fácil responder? ¿Te imaginas tener que cambiar tus planes y proyectos? ¿Entiendes la huida a Egipto? ¿Y si la entiendes, la asumes sin más? Todas esas preguntas, y más que podemos hacernos, nos responden a la dificultad de la tarea de José y María. y nos dejan claro que su cooperación fue libre y confiada. Una respuesta dura y peligrosa que exigía una madura y confiada fe.

Respuesta como la que tratas de dar tú y también yo. Respuesta cargada de dudas, de incertidumbre, de vacilaciones y de miedos. Respuesta pobre, humilde y confiada. Porque en el fondo nos fiamos del Señor. No sabemos cómo y por qué, pero nos fiamos de su Palabra. Palabra de Vida Eterna. 

Pero experimentamos miedo y debilidades. Necesitamos la Gracia y la Fuerza del Espíritu Santo que nos de ese impulso que quizás nos paraliza y no nos atrevemos a dar. María y José lo dieron, se fiaron del Señor hasta los últimos momentos de sus vidas. José antes, pero María hasta el último momento al pie de la Cruz. Se mantuvieron firmes, confiados y seguros. Y es que la fe crece y se fortalece.

Eso queremos pedirles hoy, María y José, que intercedan por nosotros y nos ayuden a sostenernos firmemente como ustedes. Que nos ayuden a defender la vida como José hizo con Jesús y con María. Eso queremos rogarles, que seamos fieles y firmes en confiar y esperar la asistencia y el auxilio del Espíritu Santo siguiendo la estela y el mismo camino que siguieron ustedes. Amén.

22 de marzo de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

El Papa Francisco continua con sus catequesis en sus respectivas audiencias. Hoy nos habla de lo que nos dice San Pablo con el fin de animarnos y ayudarnos en el camino hacia el Señor. Fundamental es la perseverancia o paciencia, para soportar todas las adversidades y obstáculos que nos salen al paso en nuestro camino. Y, no menos, la consolación, capacidad de sabernos consolados, acompañados y auxiliados en todo momento por el Señor, sobre todo en las situaciones más deprimidas y decepcionantes de nuestro camino.

Por eso, nuestra fortaleza no nace de nosotros, débiles y frágiles, sino que nos viene de Dios. En Él nos fortalecemos y superamos los obstáculos que nos asedian y nos amenazan con destruirnos y derrumbarnos. En y por Él avanzamos con paso firme y, en las debilidades, somos fuertes, capaces de, en el Espíritu Santo, vencer todas las dificultades que nos cierran el paso hacia la Casa del Padre.





PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 22 de marzo de 2017


San Pablo continúa ayudándonos a comprender mejor en qué consiste la esperanza cristiana. Hoy señala dos actitudes importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe. La perseverancia o paciencia es la capacidad de soportar, de permanecer fieles, sobre todo en medio de las situaciones adversas. Por otra parte, la otra actitud, la consolación es la gracia de saber acoger y mostrar en todo momento, especialmente en aquellos momentos marcados por el sufrimiento y la desilusión, la presencia y la acción compasiva de Dios que nunca nos abandona y permanece siempre fiel en su amor por nosotros.

Por eso el Apóstol afirma que somos fuertes, porque en la lógica del Evangelio nuestra fuerza no viene de nosotros sino del Señor, que nos concede experimentar su consolación y su amor fiel, y nos da la capacidad de estar cerca de los hermanos más débiles y de hacernos cargo de su fragilidad.

La Palabra de Dios alimenta en nosotros la esperanza, que se traduce concretamente en servicio recíproco y en el compartir. Esto es posible sólo cuando en el centro está Cristo y su Palabra, porque él es el “hermano fuerte” que nos cuida y nos carga sobre sus hombros de “Buen Pastor”, tierno y solícito.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. Agradezcamos al Señor el don de su Palabra y no olvidemos que nuestra esperanza no depende de nuestras capacidades, sino de la ayuda de Dios y de la fidelidad de su amor. Muchas gracias.


18 de marzo de 2017

MARÍA, PRESENTE EN LA OBRA REDENTORA DE SU HIJO

María es consciente de su papel. Es la Madre, a quien Jesús, el Hijo debe obediencia, tal y como ocurre en todas las familias, y más en aquel pueblo de Israel. Honrar a los padres y madres, dirá Jesús más tarde es ganar la salvación. ¿Cómo iba Jesús a desobedecer la invitación de María a actuar en aquella boda a la que habían sido invitados?

Hablamos de Caná, la boda de Caná. María se da cuenta de la necesidad de aquellos esposos. Se pone en su lugar. Y sabe de su Hijo. Conoce su misión y lo hace presente de esa necesidad de aquellos esposos. Están en apuros y María, la Madre, invita a su Hijo a mirar por aquella familia y solucionarles el problema.

Deducimos que María sabe la identidad y divinidad de su Hijo. Había sido anunciada por el Ángel Gabriel, pero habían pasado muchos años, treinta años aproximadamente, y María sabe que ya es la hora de su Hijo. Y le invita a presentarse y a actuar por el bien de los hombres. En ese momento unos esposos conocidos a cuya boda habían sido invitados. Y Jesús parece oponerse, pero accede. Es fiel a la obediencia de su Madre, y, quizás, adelanta su momento. Actúa por mediación de su Madre en favor de aquellos esposos.

¿Cómo no va a actuar por todo lo que María le pida en favor de sus hijos? Porque sus hijos somos también nosotros y María, si le rogamos, actuará intercediendo a su Hijo por nosotros, por nuestros problemas, por nuestras situaciones, nuestras dudas, nuestras oscuridades, nuestros errores y pecados. María, nuestra Madre, intercede por los hombres para que se manifieste el poder salvífico de su Hijo en todos ellos y los salve y libere de todas sus miserias y pecados.

Pero, también, María nos interpela y nos invita a hacer lo que Jesús nos dice. María, eco de las Palabras del Padre en el Bautismo del Hijo, y también en la Transfiguración del Tabor, nos invita a escuchar al Hijo y a hacer lo que él nos dice y nos enseña. Meditemos bien estas palabras. María, nuestra Madre, nos cuida, nos acompaña y nos presenta a su Hijo, y nos invita a seguirle, a escucharle y a hacer lo que Él nos enseña y nos testimonia con su Amor. Amén.

17 de marzo de 2017

LA AUTORIDAD DE LA BIBLIA (TEMA 2)

CURSO SOBRE EL MINISTERIO PETRINO
TEMA 2
LA AUTORIDAD EN LA BIBLIA

Ya desde la Catequesis de la Creación, en los primeros capítulos del Libro del Génesis, encontramos señales certeras e inequívocas de cómo Dios se manifiesta respecto de su autoridad.
Es más que evidente que si Dios quisiera, omnipotente como es, hubiera podido hacer uso de su infinito e ilimitado poder, de tal manera que podríamos asegurar, sin lugar a dudas, que le hubiese resultado imposible al ser humano desobedecerle. 

Pero la Biblia no nos enseña que esa sea la manera de actuar de Dios...
Dios, pudiendo hacer uso del poder absoluto, es decir, dicho en palabras bien humanas, pudiéndose mostrar como un caudillo o jerarca absolutista... no lo hace. Pero, ¿por qué? ¿por qué no lo hace?


a) Dios no usa un poder absolutista porque ello sería lo mismo que negar al ser humano el gran regalo de la libertad. Dios nos ha creado libres. Nuestra alma está impregnada de libertad. 
Bien es verdad que esa libertad ha de escoger el bien para ser verdaderamente libre, pero es imprescindible que ese bien se escoja, no que se imponga. Si se nos impone el bien y no lo podemos escoger, entonces dejamos de ser libres e, incluso, un bien que se impone puede parecer que también deja de ser el bien. 
Por eso Dios permite que Adán y Eva, pudiendo escoger el bien, acaben eligiendo el mal, la desobediencia, la rebeldía contra su Creador.

b) Dios tampoco usa su poder de forma absolutista porque no está tratando con esclavos, ni tan siquiera con súbditos. Dios nos trata como hijos, pues lo somos. Y a los hijos se les trata no con normas de obligado cumplimiento sin más, sino con amor, mucho amor. 
Pero el amor sin libertad no es amor. Si se obliga a alguien a “amar”, esa acción deja de ser amor, por mucha apariencia que de ello tenga. El amor requiere de manera imprescindible de libertad.

c) Por todo ello, la manera de actuar de Dios no es haciendo uso de un poder absolutista sino con una decidida autoridad, que presenta sin engaños ni ambigüedades el plan de felicidad para el hombre. Se lo presenta, se lo propone, pero no se lo impone. 
Dios Padre y Creador nos habla con autoridad, con una autoridad generosa, con una autoridad paciente, con una autoridad que perdona. Y es que el verdadero poder, aquel que se ejerce desde la autoridad es siempre generoso porque su poder, su ejercicio legislativo, incluso desde un sentido punitivo, siempre busca nuestro bien, está pensado para rescatarnos y no para hundirnos. La autoridad de Dios no ve fantasmas que menoscaban su poder y, por tanto, no necesita ser “duro” para afianzar su autoridad.

Así pues, Dios no es “autoritario” ni tampoco responde con simplezas como “esto es así porque yo lo mando”. Dios hace el uso más inteligente del poder: aquel que muestra que goza de por sí de una autoridad moral que no necesita vencer a nadie porque pretende convencer a todos.
Para ello nos ilumina con su Espíritu y nos envía a sus profetas. Primero fueron Isaías, Jeremías, Ezequiel... después Juan el Bautista, su mismo Hijo Jesucristo y apóstoles como Pedro y Pablo. Y así hasta nuestros días: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II... Monseñor Romero, Madre Teresa de Calcuta... y hoy el Papa Francisco.

QUIQUE FERNÁNDEZ