15 de julio de 2017

MARÍA, REINA DEL MAR

María, Madre de los mares y Madre de todos aquellos que pasan mucho tiempo de sus vidas surcándolos y arriesgando sus vidas. María, Madre a la que invocamos en esos momentos de riesgos y de peligros. María, Madre intercede por todos esos hombres, del color que sean, y ponlos en el camino de tu Hijo, Redentor y Salvador.

María, Madre del Carmen, bajo cuya advocación te veneran los hombres del mar, orienta el rumbo de sus naves por el verdadero camino de salvación, que desemboca en el puerto del Corazón de tu Hijo. María, Madre de todos los marineros y trabajadores del mar, abre los corazones de todos esos hombres y sus familias, para que, siguiendo tus mismos pasos acojan la Palabra de Dios, tal como tú, Madre, lo hiciste, y oriente sus vidas tras el rumbo que conduce a tu Hijo.

María, Virgen del Carmen, que el recuerdo de tu celebridad no sea una fiesta más, sino el comienzo de una nueva travesía. Quizás, la más importante de nuestra vida, y que sea capaz de orientar el rumbo de nuestra vida por el mar del amor y la misericordia que nos lleva al encuentro con tu Hijo Jesús.

Una travesía que, a pesar de las tempestades, embestidas y sacrificios, seamos capaces de sortear y soportar las olas de las tentaciones y sufrimientos hasta llegar al puerto donde podamos encontrarnos con el tu Hijo, nuestro Señor. El Mesías y Salvador del mundo.

María, Madre protectora, que tu fiesta sea una fiesta consecuencia de sabernos protegidos y acompañados por tu amor, y un camino, donde aprendamos de ti esa respuesta sincera, humilde y consecuente que diste al Señor.  Y nos abramos a esa acogida de su Palabra, para responder como tú nos enseñas, con tu vida, a responder. Amén.

8 de julio de 2017

MARÍA, MADRE DE JESÚS

María, porque eres la Madre del Señor, ven a mí. María. María, porque supiste decir Sí y creer en la Palabra del Señor, ven a mí y ayúdame a caminar contigo. María, porque diste tu seno y tu vida para acoger la del Señor, alumbra mi camino. María, porque supiste responder con tu vida a lo que Dios te pedía, fortalece mi vida para que yo también, tomado de tu Mano, responda a lo que el Señor me pide.

María, Madre mía, gracias por tu entrega y humildad. María, Madre de todos los hombres, gracias por ser camino de servicio y de fortaleza, que abres senderos para el encuentro con tu Hijo Jesús. María, gracias por perseverar y, sobre todo, creer y confiar en la Palabra de Dios. María, acompáñame para, fortalecido en tu compañía, saber yo también confiar y esperar apoyado en la Palabra de Dios.

María, porque hiciste de la Palabra de Dios, tu camino y tu esperanza, guardando todo lo que no entendías en tu corazón. Y sufriendo, esperanzada, todas las dificultades, que encontrabas en el camino y seguimiento a tu Hijo, perseveraste y te sostuviste firme en la roca de la fe. María, Madre de la fe, que respondes a la llamada que Dios te hace y, a pesar de no entenderla, fuiste fiel a su Palabra. María, ¿qué hacer para responder como tú a la llamada del Señor?

Madre, quiero cantarte un canto de gracias y venerar tu fidelidad a la Palabra. Porque, por ti entró la salvación en este mundo, y, por ti, encontramos el camino para llegar a tu Hijo, verdadero y único salvador del mundo, que, por la Misericordia del Padre, nos perdona y nos salva. María, Madre de Jesús, intercede por nosotros, para que, junto a ti sepamos recorrer el camino que nos lleva al encuentro con tu Hijo. Amén.

1 de julio de 2017

MARÍA, MADRE DE LOS CREYENTES


Tú, María, eres la Madre de la fe. Porque tu fe nos ha traído al Salvador del mundo. Tú, María, por la fe entregaste tu vida y todo tu ser, para, acogiendo a tu Hijo, nuestro Señor Jesús, se hiciese Hombre y diese su Vida por todos nosotros. Tú, María, Madre de Dios y Madre nuestra.

María, Madre nuestra, enséñanos a creer y a fiarnos de tu Hijo Jesús. Enséñanos a mirarlo y observarlo. Enséñanos también a amarlo, y estar dispuestos a dar la vida por Él. Enséñanos a fiarnos de su Palabra, y también a obedecerle. Porque, tú eres maestra en todo eso. Maestra y Madre. Y, como Madre, estás siempre con tus hijos, cuidándolos y enseñándoles el mejor y recto camino para seguirle y llegar a Él.

María, Madre obediente, que a pesar de no entender muchas cosas, las guardabas en tu corazón confiado y abandonado a los brazos del Señor, tu Dios. Enséñanos, Madre, a ser obedientes con los mandatos del Señor, y, a pesar de no se de nuestro agrado, o de no entender muchas cosas, a confiar en la sabiduría y bondad del Señor. Porque la obediencia es el signo de la fe más característico e importante. Obedecer confiados como hacen los niños con sus padres.

María, Madre creyente, intercede por todos nosotros, para que nuestra fe no se estabilice, ni se instale, sino que crezca y camine detrás y al ritmo de la Gracia de tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

28 de junio de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Es muy importante lo que el Papa Francisco nos dice hoy. Un cristiano sin esperanza deja de ser cristiano. Porque el creyente vive de la esperanza. Una esperanza de Vida Eterna en plenitud de amor. Somos personas, como nos dice el Papa Francisco, "contracorriente". Y eso significa que vamos contra los criterios del mundo. Mientras que el mundo emplea la violencia para imponer, corregir o hacer justicia, el cristiano, salvo ser astuto y prudente, como nos dice el Papa, nunca puede responder con violencia.

El cristiano tiene que tener muy claro su meta. Y esta es la cruz, su propia cruz, que debe ser puesta a los pies de la Cruz de su Maestro y Señor. Y esa cruz, la suya, es el resultado de sus propios pecados y testimonio de amor a Dios y al prójimo. Una cruz que muchas veces le llevará a dar su vida por amor. Si no sabe que ese es su camino, fallecerá y se desviará fácilmente. Porque su esperanza se muere y no le mantiene firme, alegre y confiando en la Palabra del Señor.




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 28 de junio de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre la esperanza cristiana como fuerza de los mártires. Jesús advierte a sus discípulos que serán odiados por seguirle. Los cristianos son hombres y mujeres «contracorriente», que siguen la lógica del Evangelio, que es la lógica de la esperanza. Esto se traduce en un estilo de vida concreto: deben vivir la pobreza, recorriendo su camino con lo esencial, y con el corazón lleno de amor; deben ser prudentes y a la vez astutos; pero jamás violentos. El mal no se puede combatir con el mal.

La única fuerza del cristiano es el Evangelio. En el momento de la prueba el cristiano no puede perder la esperanza, porque Jesús está con nosotros; él ha vencido el mal y nos acompaña en todas las circunstancias que nos toca vivir.

Desde los primeros cristianos, se ha denominado la fidelidad a Jesús con la palabra «martirio», es decir, testimonio. Los mártires no viven para sí, no combaten para afirmar sus propias ideas, sino que aceptan morir solo por la fidelidad al Evangelio. Por eso, no se puede utilizar la palabra mártir para referirse a los que cometen atentados suicidas, porque en su conducta no se halla esa manifestación del amor a Dios y al prójimo que es propia del testigo de Cristo. 


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Saludo también al grupo argentino que ha trabajado sobre la encíclica Laudato si’ y el diálogo interreligioso, y al integrante islámico de ese grupo: ¡feliz cumpleaños!
Mañana celebraremos la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, que dieron su vida por amor a Cristo. Pidamos a Dios por su intercesión que nos conceda el don de la fortaleza para seguirle y ser sus testigos viviendo la esperanza cristiana, sobre todo en ese martirio continuo y escondido de hacer bien y con amor nuestras obligaciones de cada día.

Muchas gracias.

24 de junio de 2017

MARÍA ESTABA ATENTA A LA LLAMADA DE DIOS

María estaba atenta a la Voz de Dios. Fue sorprendida, ¿y quién no? al advertir la presencia del Arcángel Gabriel. Lo mismo le ocurrió a Zacarías al ver al ángel del Señor. Quedó sorprendido y lleno de temor. Pero, a diferencia de Zacarías, que dudó de la palabra del ángel, María se rindió, sin comprender nada de lo prometido, a la Voluntad de Dios. Su respuesta no deja duda: "Hágase en mí según tu Palabra"-Lc 1, 26-38-.

Y su respuesta tuvo enseguida respuesta, valga la redundancia, de acción. Inmediatamente se dispuso a servir a su prima Isabel, pues el Arcángel Gabriel le había comunicado el estado de embarazo de ella -Lc 1, 39-56-. Esa prontitud de actuar descubre la fe y la confianza de María en lo que el Arcángel Gabriel le había dicho. No lo dudó, pues quien duda no se lanza a la caminata, proeza dura en aquellos tiempos, arriesgando su vida ante los peligros de aquellos camino y tomándose el tiempo, pacientemente, que le exigía la distancia y el camino. Su fe quedó, como la de Abrahán en el sacrificio de su hijo Isaac -Gn 22, 1-9-, totalmente probada.

Si María es Madre y enseña el camino a sus hijos, conviene preguntarnos: ¿Emprendemos también nosotros el camino que Dios nos ha señalado? ¿No lo sabemos? ¿Estamos a la escucha? Porque, seguro que Dios nos habla, y nos ha encargado algo. Lo que no es seguro si nosotros escuchamos. Estamos en este mundo para algo. Seguramente para subir, como María, nuestra propia montaña, la de nuestra vida, y alcanzar llevar nuestra cruz, la de nuestro camino. 

Y experimentamos que solos, nos es harto difícil, sino mejor, imposible. Necesitamos el concurso de nuestra Madre. Su ejemplo y testimonio; su intercesión y su humildad, para, abiertos a la Gracia de Dios, y auxiliados por el Espíritu Santo, emprender el camino hacia la misión que Dios ha pensado y guarda para cada uno de nosotros. Tengamos confianza y pidamos a nuestra Madre su auxilio e intercesión, para que nuestra agua sea transformada en puro vino y vivamos injertados en su Hijo Jesús. Amén.