24 de mayo de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hermosas, !la verdadera esperanza pasa por el fracaso y el sufrimiento", palabras del Papa Francisco. Y hermosas porque, de alguna manera, resumen la vida de toda persona: "Un camino de alegrías y tristezas que madura en la medida que experimenta la pobreza y el dolor". Ese es el único y verdadero camino de nuestra vida, aprender de nuestros fracasos, de nuestros errores y pecados.

Y de alguna manera, nos dice nuestro Papa, todos somos experiencia de Emaús. ¿Quién no experimenta la tristeza, el fracaso y la desilusión? ¿Y quién no siente y experimenta el impulso de volver al camino, levantarse y continuar la marcha? Es el Señor que nos alienta y nos llena de esperanza, porque detrás de todo dolor y sufrimiento nace la esperanza de un mañana mejor, que en el Señor se hace gozoso y eterno.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 24 de mayo de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

La lectura del Evangelio de san Lucas que hemos escuchado nos narra la experiencia de los dos discípulos que, después de la muerte de Jesús, huyen de Jerusalén sin esperanza, desilusionados y llenos de amargura por la derrota del Maestro, hacia la tranquilidad de Emaús.

En ese caminar hacia su aldea, mientras conversan con paso triste y desesperanzado, se les une un desconocido. Los ojos de ellos, velados aún por el fracaso de sus expectativas humanas, no reconocen que es Jesús. El Señor camina con ellos, y aunque conoce el motivo de su desilusión, no se impone, sino pregunta y escucha. Comienza su «terapia de la esperanza». Les deja el tiempo necesario para que hagan un recorrido interior y lleguen al fondo de su amargura. Y ellos pronuncian aquellas palabras: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel»; palabras que trasudan tristeza, decepción, derrota, y que son un retrato de la existencia humana que nos es común.

Jesús camina, de manera discreta, junto a todas las personas desalentadas, y logra darles de nuevo la esperanza. Como a los discípulos de Emaús, él habla a través de las Escrituras, manifestando cómo la verdadera esperanza pasa por el fracaso y el sufrimiento. Y al final del camino cumplido en su compañía, Jesús se hace reconocer en la Fracción del pan, gesto fundamental de la Eucaristía, don de su amor total, de donde brota la vida de la Iglesia y del cristiano.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que Jesús resucitado nos conceda descubrirlo presente y vivo en su Iglesia donde, saliendo a nuestro encuentro y caminando junto a cada uno, nos conduce con su amor infalible y su presencia vivificante por el camino de la esperanza. Que Dios los bendiga.


22 de mayo de 2017

UN MILLÓN DE VISITAS

UN RINCÓN PARA ORAR

"Despojado de toda distracción y riqueza. Sólo desde la humildad de nuestro corazón, junto a María, llegará nuestra oración al PADRE

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Según las estadísticas de Blogger nuestro blog "Un Rincón para orar" sobrepasa la cifra de visitas de un millón. No sabemos la certeza de esta cifra, pero nos congratulamos que al menos se aproxime y nuestros esfuerzos de llevar la oración a mucha gente sea una realidad.

Gracias a todos y un fuerte abrazo en el Señor.



20 de mayo de 2017

EL SUFRIMIENTO DE MARÍA

Nos resulta muy difícil comprender la actitud de María e imaginarnos como se enfrentó y sufrió ese tiempo de gestación hasta llegar el nacimiento de su Hijo Jesús. Para empezar, el anuncio tuvo que ser una experiencia impactante y sorprendente, pero a su vez llena de temor e inseguridad. ¿Qué iba a suceder? ¿Cómo presentarme así, con esta noticia a José? ¿Acaso me iba a creer?

¿Podemos imaginar por un momento esa situación y tratar de ponernos en su lugar? ¿Puede haber sucedido en nuestra vida algo parecido, no en la dimensión tan alta de María, sino en pequeñas cosas en nuestra vida? ¿Hemos sentido algo que nos sintamos movido por la acción del Espíritu Santo? O, simplemente, ¿estaríamos atentos y dispuesto a escuchar y dejarnos llevar por Él?

Son preguntas e interrogantes que también podemos encontrar en el testimonio y vida de María. La Madre de Dios puede ayudarnos a confiar en su Hijo y a dejarnos conducir por la acción del Espíritu Santo. Fijémonos: María aceptó la tarea que se le encomendaba sin dudar por un momento. Se sometió a la Voluntad de Dios porque creía profundamente en Él y se fiaba de sus cuidados y protección. Su respuesta no da lugar a ninguna duda.

Ser la Madre de Dios era tal privilegio que eso le bastaba para disipar toda duda y temor. ¡Dios mío!, ¿estamos nosotros ansiosos de recibir cualquier encargo del Señor para entregarnos a cumplirlo? Sólo el pensarlo descubre mi poca fe y todos mis miedos. ¿Y puedo imaginar cómo pudo María soportar la decisión de José al saber por María de lo que le había ocurrido? ¿Y lo doloroso que tuvo que ser para ambos? ¿Y la alegría, alivio y satisfacción al conocer la noticia del ángel?

¡Dios mío, Madre!, danos la fortaleza y la voluntad de saber digerir y soportar todos las dificultades y vicisitudes que la vida nos depara y, mirándonos en Ti, ayúdanos a descubrir la Voluntad de Dios que, tanto tu Hijo como Tú han sabido descubrir y cumplir. ¡Madre en ti nos apoyamos!

17 de mayo de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Nos llena de esperanza esta hermosa reflexión que nuestro Papa Francisco nos regala hoy en el Espíritu Santo, que le alumbra y nos abra a nosotros el corazón para acogerla y meditarla profundamente con esperanza y alegría. Porque, nuestra salvación pasa por el encuentro con Jesús Resucitado que, a pesar del dolor y sufrimiento, que nuestro paso por el mundo nos presenta, nos levanta y nos llena de gozo esperanzado en Resucitar en Él.

Porque hemos nacidos, no para morir, tal y como está propuesto en el camino de este mundo, sino para, por, en  y con Xto. Jesús, Resucitar para la Vida Eterna plena de gozo y felicidad junto al Padre. Quizás nos ocurre, como a la Magdalena, que apesadumbrados por el dolor quedamos cegados y sumidos en la oscuridad, tal y como nos dice el Papa Francisco. Pero, confiemos en Jesús, continúa el Papa, que se hace el encontradizo y nos llama por nuestro nombre, para levantarnos y llenarnos de esperanza y alegría.




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 17 de mayo de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

En este tiempo de Pascua dirigimos nuestra mirada a María Magdalena, la primera persona en encontrarse con Jesús resucitado, según los Evangelios.

La experiencia de la resurrección que vive María Magdalena es profunda y existencial. Ella se acercó al sepulcro con el corazón colmado de la tristeza y la soledad de quien ha perdido un ser querido, y al llegar ahí, el dolor y la desilusión de no encontrar el cuerpo de Jesús le impedían verlo y reconocerlo vivo. Entonces Jesús, tomando la iniciativa, la llama por su nombre. Ella al sentirse interpelada personalmente, experimenta dentro de sí una felicidad tan profunda que cambiará su existencia y que está destinada también a transformar la existencia de todo hombre y mujer. Es muy hermoso pensar que la primera aparición de Jesús resucitado se haya producido de un modo tan personal y cercano.

Nuestra vida, tantas veces cargada de esas mismas experiencias de soledad, de vacío y de dolor, se ve transformada por la presencia de Dios, que mucho antes de que nosotros lo busquemos, sale a nuestro encuentro, nos llama por nuestro nombre, y nos dice: Levántate, no llores más, porque he venido a liberarte.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Los animo a perseverar en la oración y en la escucha de la Palabra de Dios, para que en los momentos de dolor y abandono, sientan cómo Jesús resucitado los llama por su nombre, y salgan con el corazón lleno de alegría a anunciar a todos la Buena Noticia de la Resurrección. Que Dios los bendiga.

13 de mayo de 2017

MARÍA IGNORABA SU CAMINO



María no sabía ni conocía el camino que Dios le había preparado. A la invitación del ángel, María responde con un sí decidido, valiente y comprometido, dispuesta a ser la morada de una nueva criatura que nace. ¡Qué hermosa la vida, y que grandeza ser la portadora de una nueva vida! Ser madre es una de las experiencias más hermosas e importantes de nuestra vida. Tener esa posibilidad, por la Gracia de Dios, es ser la semilla que brota y da vida. Una nueva vida para la eternidad. Una experiencia de darse para que otra vida nazca y viva para Gloria de Dios.

Pero, María, nos enseña a obedecer, a fiarse de Dios. Dice "Sí" sin saber nada más. No conoce los pasos que seguirán ese compromiso del Sí, pero se fía y obedece. Parémonos y reflexionemos: ¿Obedecemos también nosotros los mandatos de Dios? ¿Estamos dispuestos a continuar el camino que nos señala la Voluntad de Dios, obedientemente, a pesar de no entender nada? Esa fue la actitud de María y la que nos deja para nuestra enseñanza.

También, María, se enfrenta a la realidad de cada día. Y no se derrumba ante las diversas pruebas que se le presentan en su andar diario. Siguiendo la catequesis del Papa Francisco sobre María, entresacamos la fortaleza de la Virgen ante la adversidad y los interrogantes que se le presentan. No se deprime cuando los acontecimientos parecen no ir por el camino correcto. Ni tampoco se desespera y, eso sí, escucha y se llena de esperanza. En lo más profundo de su ser encuentra la confianza y la fe en Dios. ¿Buscamos nosotros esa confianza y esa fe? ¿Nos sostenemos en la esperanza de la escucha a la Palabra de Dios?

Diríamos que María va aceptando su camino y su cruz dentro de él, hasta llegar, como nos dice el Papa, a la hora de que su Hijo es clavado en el madero de la Cruz. María, continua el Papa, se diluye en la historia Sagrada y en el aparente acompañamiento de su Hijo. Como por arte de magia, María parece ausentarse del camino de su Hijo. No quiere interponerse en la obediencia del Hijo a la Voluntad del Padre. Sin embargo, cuando se queda casi sólo, la presencia de la Madre se hace vital, y María está ahí junto a su Hijo y al pie de la Cruz. Sufre su propia pasión, tan dolorosa como la de su propio Hijo.

¿Cómo estaba? Cada uno de nosotros, sobre todo las madres, por su propia experiencia, pueden imaginar  y suponer el estado de María. Simplemente estaba, con dudas, con dolor, con sufrimientos, pero con esperanza. Obediente y confiada. Sin saber nada, como nos dice el Papa, sobre la Resurrección. Simplemente estaba, fiel y obediente a la Palabra y compromiso de la Voluntad de Dios. Ejemplo y testimonios para todos sus hijos, nosotros, que desfallecemos al menor resquicio de duda y mal testimonio de muchos de nosotros, abandonándonos y desesperándonos. María, Madre de Dios, ruega por nosotros.